Una nueva vida

Lo primero que quiero hacer en nombre de mi familia y sobre todo en el mío, es pediros disculpas por no haber contado nada desde la última y ya lejana entrada. El caso es que la vida diaria y la mala gestión emocional de uno mismo mancha a veces las ganas y la inspiración como el alquitrán en las patas de un halcón y por lo menos a un servidor ante determinados instantes le cuesta alzar el vuelo, la ventaja es que una vez en el aire, volamos muy alto.
Y es que tras un lapso de tiempo bastante grande, en donde hemos tenido tiempo de celebrar el Día Mundial del Síndrome de Down con un video sencillamente genial (Gracias Javier Hidalgo & Digital Master) el cual, podrás encontrar alrededor de todas las formas de expresión de este blog (facebook, Twitter y obviamente en las páginas digitales que ahora lees) volvemos a estremecernos ante las teclas para intentar servir de apoyo a quienes lo necesiten y de alguna manera sacar sobre el texto y compartir con el mundo todas las emociones que suponen la crianza de nuestro precioso hijo Uri.
Hoy quiero retomar las ganas hablando de algo que los demás padres de este blog han comentado en alguna ocasión, el instante en que ese cromosoma de más se evapora para dar paso sencillamente a nuestro hijo. Y es que al principio solo ves rasgos por todos lados, que si la nuca, que si la línea de la mano, que si la lengua, consultas la red para leer sobre el tema, la gente de tu entorno te dice algo que leyó o vio alguna vez. El caso es que algunos padres puede que no necesiten más de un minuto para olvidarse del cariotipo y ver a su hijo, y habrá otros que necesiten años de asimilación, obviamente todas las opciones son respetables y en nuestro caso concreto fue aproximadamente ese periplo de tiempo en que estábamos esperando los resultados, que aunque confirmados por la pediatra con todas las de la ley mediante sus ojos y con lo que supone su dilatada experiencia (Pilar Infante a.k.a Eres parte indisoluble de nuestra vida para siempre) siempre estaba ese “extraño” atisbo de esperanza ridícula de que se hubieran equivocado, esa idea en medio del sueño y la vigilia en donde nos decíamos – ¿Y si al final resulta que no tiene Síndrome de Down? – Cuan distinta será la vida que aún ni siquiera conocemos , que diferente será esta primeriza paternidad, podremos decirle a nuestros seres queridos que no se preocupen mas, que hemos pasado ante las fauces del monstruo y que solo ha sido un susto olvidable, que nuestra vida no tiene que estar ligada para siempre a todo este nuevo y extraño universo de las capacidades especiales y que nuestro precioso niño no tendrá ningún problema jamás (la ignorancia sobre la vida hace pensar idioteces como esta última, no existe nadie sin problemas) … obviamente la realidad era la que sabíamos y veo con total nitidez el momento en neonatos aquella mañana, las palabras de Pilar y su ayudante, los ojos de la madre de Elena que nos acompañaba y por supuesto, recuerdo con total claridad la preciosa boca de mi esposa haciendo un gesto como de aceptación, pero no de resignación mientras la doctora infante la miraba con los ojos sobre sus gafas y nos decía – ¿ Esperabais otra cosa? – me miraba a mí con los resultados en la mano mientras me señalaba las columnas de cromosomas y en ese momento se produjo una sensación explosiva en mi interior, algo que a priori podría ser un chasco por la aplastante realidad sin marcha atrás a la que nos teníamos que enfrentar a partir de ahora, pero todo lo contrario, se produjo un fogonazo de despegue, un CHAS! en toda regla, no un chasco, ni un alarido de rabia post adolescente … no, nada de eso podía existir ya en mi vida, tocaba luchar y mucho, pero sobre todo tenía que luchar contra mí mismo, contra mis propias limitaciones, contra mi ego, contra mis sueños y ensoñaciones, tenía que intentar contra viento y marea hacer que todo funcionase y no, Uri no iba a ser la consecuencia de ello sino el motor, nuestro hijo nos iba a necesitar, pero como cualquier niño, adolescente y hombre … y claro que el proceso irá a otro ritmo, pero su cromosoma de mas no es para él, es para nosotros, es para que aprendamos a ser pacientes, es para que cuidemos de la vida con más cautela, de nuestra vida, de esta nueva vida a la que a veces me cuesta montarme por mis limitaciones, de esta vida que no cambiaría jamás por ninguna.

Publicado en: Uri

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