Hay personas que esperan toda una vida para conocer a su príncipe azul. El mío me llama Mamá.

Tomar la decisión de tener un hijo es trascendental. Se trata de decidir que tu corazón caminará siempre fuera de tu cuerpo. Con estas dos frases comencé en Abril de 2016, siete meses después de nacer Darío, mi pequeño acto de rebeldía fruto de meses de catarsis emocional y reflexiones sobre como cambiar un poquito el mundo desde mi humilde posición de madre primeriza. 

Nuestro viaje comenzó el 23 de Diciembre de 2014, un día antes de mi cumpleaños, en el momento en el que me enteré de que estaba embarazada. Fue el mejor regalo que nadie podría haberme hecho, tener dentro de mí a mi primer hijo. Pasaron los meses, las semanas, las visitas a los ginecólogos, las ecos en 4D y la ilusión por ver a Darío era cada día más y más profunda.

Mi embarazo fue una auténtica montaña rusa. Me pasaron todos los tópicos que le pueden pasar a una embarazada. Desde el “No hay Embarazo sin Porrazo”, hasta una neuralgia dorsal que me impidió estar de pie mas de 7 minutos seguidos desde el 5º mes de embarazo casi hasta principios del 9º mes cuando Darío decidió que era momento de empezar a descender y colocarse en el canal de parto. Para seguir denominandome como la número uno de las mamás mas gafes del mundo,  en el 8º mes sufrí un accidente doméstico y me seccioné tres tendones y un nervio de la mano izquierda (soy zurda, sí, se lo que estáis pensando en éste momento, esta chica es gafe). Me operaron entrando casi en mi noveno mes de embarazo y tuve que dar a luz con la mano escayolada y mantener esa escayola unas semanas después del nacimiento de Darío.

Llegó el 28 de Agosto, día en el que cumplía, y como buen gladiador que es decidió que había llegado su día y que salía sí o sí a éste mundo tan bonito como a veces cruel e injusto. Tras casi 24 horas desde las primeras contracciones Darío nació en un paritorio del Hospital Torrecardenas de Almería entre caras que se tornaban en tragedia, prisas para llevarle a la unidad de Neonatología, nuestras caras de confusión y mis lágrimas en una sala de postparto consciente de que todos mis sueños de piel con piel, introducir la lactancia materna en la primera hora de vida y un largo etc se iban esfumando de un plumazo.

Casi a los dos días me dieron la noticia de que mi hijo tenía Síndrome de Down ( ésto de la primera noticia lo ampliaré en otro post).Ese día 29 de Agosto comenzó nuestra aventura en éste mundo  de la discapacidad y el Síndrome de Down. 

Mi mente se programó de golpe tras recibir la noticia como un ordenador de última generación que procesa todo a velocidades de vértigo. Estaba ávida de información y de formación para enfrentarme al gran reto que tenía por delante. A la maternidad que de por sí es dura había que agregarle el segundo factor de la ecuación. Mi hijo tenía una discapacidad. 

Os prometo que aunque lloramos y pasamos por todas las fases emocionales que unos padres puedan pasar, cuando lo teníamos en nuestros brazos, para nosotros no existía el Síndrome de Down, solo eramos el y yo. Madre e hijo, padre e hijo.

Los primeros 3 meses fueron muy duros tanto para mí como para mi marido. Nos pusimos en contacto con la Asociación Almeriense para el Síndrome de Down y empezamos con su Atención Temprana cuando Darío tan solo tenía 11 días de vida.  El día que nos confirmaron a través de su cariotipo (análisis genético), que tenía un cromosoma de más nos fuimos del Hospital directos a la Asociación ansiosos por encontrar alguien que nos entendiera y nos dibujase qué futuro tenía guardado para nosotros un destino incierto. Fueron 3 meses duros de adaptación y de reorganización de nuestra mente. Teníamos mil miedos y observábamos hasta el último gesto de nuestro pequeño. La primera sonrisa allá por el final del segundo mes para nosotros fue todo un acontecimiento. Nos planteábamos cuestiones como ¿nuestro hijo sonreirá?, ¿me mirará cuando lo llame por su nombre?. Nos cargamos la mochila de preocupaciones extra que íbamos comprando en todos los saldos de información barata que te puedas encontrar por internet. Si queréis un humilde consejo, haced caso a los profesionales que tratan a vuestros hijos. Cuando dicen que no os preocupéis, !!no tenéis que hacerlo!!.

En esos primeros 3 meses, no paraba de dibujar en mi mente mis miedos que concernían a años venideros y con el 4º mes empezó a llegar la tranquilidad a nuestros corazones. Nos dimos cuenta de que todo iba sobre ruedas, que estábamos haciendo todo lo mejor que podíamos y sabíamos y que nuestro hijo era único. Al igual que no hay dos personas iguales sin discapacidad, tampoco hay dos personas iguales con Síndrome de Down. Mi hijo era único, su evolución sería única y el hueco que ocupaba en nuestras vidas era único. En ese momento nos dimos cuenta de que eramos más felices de lo que nunca habríamos imaginado , que Darío llenaba tanto nuestras vidas con las de nuestros familiares de alegría y que había venido a éste mundo para ser lo que es. Mi pequeño príncipe azul, la creación más perfecta que nunca haya imaginado, la sonrisa más sincera y los ojos más grandes y bonitos dignos inventores de la inocencia. ¿Y sabéis por qué? Porque es nuestro hijo y como tal, !!para nosotros es el mejor del mundo!!.

En ese momento decidí que ninguna madre debería sentirse derrumbada como me sentí yo el día que me enteré que mi hijo tenía trisomía 21, que nadie merecía el trato que recibimos mi marido y yo en el Hospital por parte de los profesionales que nos atendieron y que la mejor terapia para mí era cambiar todo eso que me hizo derrumbarme e intentar ayudar a que otras personas reciban la primera noticia de una manera más amable y sincera. Sin dramas, sin ocultar la realidad pero con una dosis de optimismo, y sobre todo de orientación e información. 

Nos vemos en el siguiente post en el que os contaré qué ocurrió y qué decidí que iba a hacer para ayudar a otras personas en el momento de “la primera noticia”.

Recordad que…… !! Limita más un prejuicio que un cromosoma extra!!

Fotografía: Amate Fotografía.

 

9 comentarios en “Hay personas que esperan toda una vida para conocer a su príncipe azul. El mío me llama Mamá.

  1. Maria del Mar Delgado dijo:

    Eres una madre muy valiente y has demostrado todo tu coraje y tu amor infinito por ese Príncipe que llena vuestras vidas, por eso yo te admiro,eres un ejemplo a seguir💪✌💋💋

    Le gusta a 1 persona

  2. Marilo dijo:

    Yo tb tengo mi príncipe azul con síndrome de down y casualidades de la vida tb se llama Dario. Somos muy felices al igual q vosotros nada nos ha empañado seguimos con las mismas ganas de dar amor y de recibir tb. Besos

    Le gusta a 1 persona

  3. torresmj dijo:

    Me alegro que tu principe se haya hecho un Rey!!! Madre mia 23 añazos!! Es ya un hombre!! Felicidades por 23 años junto a tu hijo. Seguro que has sido la mejor mamá que podía tener!!

    Me gusta

  4. Marilo dijo:

    Jajaa jaja. Si ya es un rey q busca chica para convertirla en su reina. Así es la vida…
    Bueno y tiene la madre q le ha tocado jejjeje .
    Felicidades para vosotros , por dar vida, querer , respetar y no dejarse impasivo ante las desigualdades .
    Besitos gordos a Dario …
    Disfruta mucho

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s